Día 1 del II Congreso Eucarístico Internacional - Español

 1⁰ DIA DO II CONGRESSO EUCARÍSTICO INTERNACIONAL 

DIÓCESE DE ROMA.
09.10.2024

RITOS INICIALES


Reunido el pueblo, el sacerdote se dirige al altar con los ministros durante el canto de entrada.

Al llegar al altar y hecha la debida reverencia, lo besa en señal de veneración y, si es oportuno, lo incensa. Luego, todos se dirigen a sus sillas.

ANTÍFONA DE ENTRADA 
(Cf.Ef 1,9-10)

Si no hay canto de entrada, se recita la antífona.
Señor, todo está bajo tu poder y nada puede resistir a tu voluntad. Tú hiciste el cielo y la tierra, y todo lo que está bajo el firmamento; tú eres el Señor del universo.

SALUDO

Terminado el canto de entrada, toda la asamblea, de pie, hace la señal de la cruz mientras el sacerdote dice el saludo.
Pres.: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
℟.: Amén.

El sacerdote, vuelto hacia el pueblo y abriendo los brazos, lo saluda.
Pres.: La paz esté con ustedes.
℟.: Y con tu espíritu

El sacerdote, diácono u otro ministro puede, con breves palabras, introducir a los fieles en la misa del día.

ACTO PENITENCIAL

Después de un momento de silencio, se usa la fórmula correspondiente.
Pres.: Hermanos: Para celebrar dignamente estos sagrados misterios, reconozcamos nuestros pecados.
Ass.: Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.

Luego sigue la absolución sacerdotal.
Pres.: Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
O povo responde:
Ass.: Amén.

Invocaciones “Señor, ten piedad de nosotros” (Kýrie eléison), si no se realizaron en el acto penitencial:
Pres.: Señor ten piedad.
Ass.:Señor ten piedad.

Pres.: Cristo ten piedad.
Ass.: Cristo ten piedad.

Pres.: Señor ten piedad.
Ass.: Señor ten piedad.

ORACIÓN COLECTA

Pres.:Oremos.
Todos oran en silencio por un momento. Luego, el sacerdote, abriendo los brazos, dice la oración:
Dios todopoderoso y eterno, que con amor generoso sobrepasas los méritos y los deseos de los que te suplican, derrama sobre nosotros tu misericordia perdonando lo que inquieta nuestra conciencia y concediéndonos aun aquello que no nos atrevemos a pedir. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
℟.: Amén.

LITURGIA DE LA PALABRA
PRIMERA LECTURA

Lector: Leitura da Profecia de Jonas
Este desfecho causou em Jonas profunda mágoa e irritação; orou então ao Senhor, dizendo: “Peço-te me ouças, Senhor: não era isto que eu receava, quando ainda estava em minha terra? Por isso, antecipei-me, fugindo para Társis. Sabia que és um Deus benigno e misericordioso, paciente e cheio de bondade, e que facilmente perdoas a punição. E agora, Senhor, peço que me tires a minha vida, para mim é melhor morrer do que viver”. Disse o Senhor: “Achas que tens boas razões para irar-te?” Jonas saiu da cidade e estabeleceu-se na parte oriental e ali fez para si uma cabana, onde repousava à sombra, a ver o que ia acontecer à cidade. O Senhor Deus fez nascer uma hera, que cresceu sobre a cabana, para dar sombra à cabeça de Jonas e abrandar seu aborrecimento. E Jonas alegrou-se grandemente por causa da hera. Mas, ao raiar do dia seguinte, Deus determinou que um verme atacasse a hera, e ela secou. Quando o sol se levantou, mandou Deus do oriente um vento quente; e o sol bateu forte sobre a cabeça de Jonas, que se sentiu desfalecer; teve vontade de morrer, e disse: “Para mim é melhor morrer do que viver”. Disse Deus a Jonas: “Achas que tens boas razões para irar-te por esta hera?” “Sim”, respondeu ele, “tenho razão até para morrer de raiva”. O Senhor replicou-lhe: “Tu sofres por causa desta planta, que não te custou trabalho e não fizeste crescer, que nasceu numa noite e na outra morreu. E eu não haveria de salvar esta grande cidade de Nínive, em que vivem cento e vinte mil seres humanos, que não sabem distinguir a mão direita da esquerda, e um grande número de animais?”
Lector: Palabra de Dios.
℟.: Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL

—  ¡Feliz el que pone su confianza en el Señor!

— ¡Feliz el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los impíos, sino que se complace en la ley del Señor y la medita de día y de noche!  
— Él es como un árbol plantado al borde de las aguas, que produce fruto a su debido tiempo, y cuyas hojas nunca se marchitan: todo lo que haga le saldrá bien. 
— No sucede así con los malvados: ellos son como paja que se lleva el viento. Porque el Señor cuida el camino de los justos, pero el camino de los malvados termina mal. 

ACLAMACIÓN AL EVANGELIO
(Cf. At 16, 14b)
¡ALELUYA, ALELUYA!
Aleluya. Señor, abre nuestro corazón, para que aceptemos las palabras de tu Hijo. Aleluya.
¡ALELUYA, ALELUYA!

Mientras tanto, el sacerdote, cuando se usa incienso, lo coloca en el incensario. El diácono, que va a proclamar el Evangelio, inclinándose profundamente ante el sacerdote, pide la bendición en voz baja:
℣.: Padre, dame tu bendición.
El sacerdote dice en voz baja:
Pres.: El Señor esté en tu corazón y en tus labios,
para que anuncies dignamente su Evangelio;
en el nombre del Padre, y del Hijo + , y del Espíritu Santo.
El diácono o el concelebrante responde:
℣.: Amén.

Si el mismo sacerdote debe proclamar el Evangelio, inclinado ante el altar, dice en secreto:
Pres.: Purifica mi corazón y mis labios,
Dios todopoderoso,
para que anuncie dignamente tu Evangelio.

EVANGELiO

Después el diácono (o el sacerdote) va al ambón, acompañado eventualmente por los
ministros que llevan el incienso y los cirios; ya en el ambón dice:
℣.: 
El Señor esté con ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.

El diácono (o el sacerdote):
℣. Lectura del santo Evangelio según san  Lucas
Y mientras tanto hace la señal de la cruz sobre el libro y sobre su frente, labios y pecho.
El pueblo aclama:
℟.: Gloria a ti, Señor.

El diácono (o el sacerdote), si se usa incienso, inciensa el libro. Luego proclama el Evangelio.
℣.: 
Jesús dijo a sus discípulos:
Supongamos que alguno de ustedes tiene un amigo y recurre a él a medianoche, para decirle: “Amigo, préstame tres panes, porque uno de mis amigos llegó de viaje y no tengo nada que ofrecerle”, y desde adentro él le responde: “No me fastidies; ahora la puerta está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados. No puedo levantarme para dártelos”. Yo les aseguro que aunque él no se levante para dárselos por ser su amigo, se levantará al menos a causa de su insistencia y le dará todo lo necesario. También les aseguro: pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá. Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá. ¿Hay entre ustedes algún padre que da a su hijo una serpiente cuando le pide un pescado? ¿Y si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a aquéllos que se lo pidan!
℣.Palabra del Señor.
℟.: Gloria ti, Señor Jesús.

O bien el mismo diácono besa el libro, diciendo en secreto las mismas palabras.

HOMILÍA

Luego tiene lugar la homilía; ésta es obligatoria todos los domingos y fiestas de precepto y se
recomienda en los restantes días.

LITURGIA EUCARÍSTICA

PREPARACIÓN DE LAS OFRENDAS

Acabada la Liturgia de la palabra, los ministros colocan en el altar el corporal, el purificador,
el cáliz y el misal; mientras tanto puede ejecutarse un canto adecuado.

Conviene que los fieles expresan su participación en la ofrenda, bien sea llevando el pan y el
vino para la celebración de la eucaristía, bien aportando otros dones para las necesidades de la
Iglesia o de los pobres.

El sacerdote se acerca al altar, toma la patena con el pan y, manteniéndola un poco elevada
sobre el altar, dice en secreto.

Después deja la patena con el pan sobre el corporal.

El diácono, o el sacerdote, echa vino y un poco de agua en el cáliz, diciendo en secreto.

Después el sacerdote toma el cáliz y, manteniéndolo un poco elevado sobre el altar, dice en
secreto.

Después deja el cáliz sobre el corporal.

Y, si se juzga oportuno, inciensa las ofrendas y el altar. A continuación el diácono o un
ministro inciensa al sacerdote y al pueblo.

Luego el sacerdote, de pie a un lado del altar, se lava las manos, diciendo en secreto.

INVITACIÓN A LA ORACIÓN

Después, de pie en el centro del altar y de cara al pueblo, extendiendo y juntando las manos, dice una de las siguientes fórmulas:
El Santo Padre.: Oren, hermanos,
para que este sacrificio, mío y de ustedes,
sea agradable a Dios, Padre todopoderoso.
El pueblo responde:
℟.: El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Luego el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración sobre las ofrendas.
El Santo Padre.: Recibe, Señor, la oblación instituida por ti y, por estos sagrados misterios que celebramos, danos la gracia de tu redención. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟.: Amén.

PREFACIO

Pres.: El Señor esté con ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.
Pres.: Levantemos el corazón.
℟.: Lo tenemos levantado hacia el Señor. 
Pres.: Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
℟.: Es justo y necesario.

El Santo Padre.: En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro. Quien, por su misterio pascual, realizó la obra maravillosa de llamarnos del pecado y de la muerteal honor de ser estirpe elegida, sacerdocio real, nación consagrada, pueblo de su propiedad, para que, trasladados de las tinieblas a tu luz admirable, proclamemos ante el mundo tus maravillas. Por eso, con los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria: 

SANTO

℟.: Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

ORACIÓN EUCARÍSTICA III

El sacerdote, con las manos extendidas, dice:
Pres.: Santo eres en verdad, Padre,
y con razón te alaban todas tus criaturas,
ya que por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro,
con la fuerza del Espíritu Santo,
das vida y santificas todo,
y congregas a tu pueblo sin cesar,
para que ofrezca en tu honor
un sacrificio sin mancha
desde donde sale el sol hasta el ocaso.
Junta las manos y, manteniéndolas extendidas sobre las ofrendas, dice:
Por eso, Padre, te suplicamos
que santifiques por el mismo Espíritu
estos dones que hemos separado para ti,
junta las manos y traza el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz conjuntamente,
diciendo:
de manera que sean Cuerpo y Sangre de Jesucristo,
Hijo tuyo y Señor nuestro,
junta las manos
que nos mandó celebrar estos misterios.

En las fórmulas que siguen, las palabras del Señor han de pronunciarse con claridad, como lo requiere la naturaleza de las mismas palabras.
Pres.: Porque él mismo, la noche en que iba a ser entregado,
Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
tomó pan, y dando gracias te bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo:
Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora haciendo genuflexión.

Después prosigue:
Pres.: Del mismo modo, acabada la cena,
Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, dice:
tomó este cáliz glorioso en sus santas y venerables manos;
dando gracias te bendijo,
y lo dio a sus discípulos diciendo:
Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora haciendo genuflexión.
Luego dice la siguiente fórmula:
Pres.: Éste es el Misterio de la fe.
Y el pueblo prosigue, aclamando:
℟.: Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!

Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice:
Pres.: Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la pasión salvadora de tu Hijo, de su admirable resurrección y ascensión al cielo, mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos, en esta acción de gracias, el sacrificio vivo y santo.

Pres.: Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia, y reconoce en ella la Víctima por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad, para que, fortalecidos con el Cuerpo y Sangre de tu Hijo y llenos de su Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu.

1C: Que él nos transforme en ofrenda permanente,
para que gocemos de tu heredad
junto con tus elegidos:
con María, la Virgen Madre de Dios,
su esposo, san José,
los apóstoles y los mártires,
[san N.: santo del día o patrono]
y todos los santos,
por cuya intercesión
confiamos obtener siempre tu ayuda.

2C: Te pedimos, Padre,
que esta Víctima de reconciliación
traiga la paz y la salvación al mundo entero.
Confirma en la fe y en la caridad
a tu Iglesia, peregrina en la tierra:
al tu servidor, el Papa N.,
a nuestro obispo N., al orden episcopal,
a los presbíteros y diáconos,
y a todo el pueblo redimido por ti. Atiende los deseos y súplicas de esta familia
que has congregado en tu presencia. Reúne en torno a ti, Padre misericordioso,
a todos tus hijos dispersos por el mundo.

3C: *A nuestros hermanos difuntos
y a cuantos murieron en tu amistad
recíbelos en tu reino,
donde esperamos gozar todos juntos
de la plenitud eterna de tu gloria,
Junta las manos.
por Cristo, Señor nuestro,
por quien concedes al mundo todos los bienes.

DOXOLOGIA

Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz y, sosteniéndolos elevados, dice:
Pres.: Por Cristo, con él y en él,
o a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo,
todo honor y toda gloria
por los siglos de los siglos.
El pueblo aclama:
℟.: Amém.

PADRE NUESTRO

Una vez que ha dejado el cáliz y la patena, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Pres.: Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:
Extiende las manos y, junto con el pueblo, continúa:
℟.: Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.

El sacerdote, con las manos extendidas, prosigue él solo:
Pres.: Líbranos de todos los males, Señor,
y concédenos la paz en nuestros días,
para que, ayudados por tu misericordia,
vivamos siempre libres de pecado
y protegidos de toda perturbación,
mientras esperamos la gloriosa venida
de nuestro Salvador Jesucristo.
Junta las manos.
℟.: Tuyo es el reino,
tuyo el poder y la gloria por siempre, Señor.

Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice en voz alta:
Pres.: Señor Jesucristo,
que dijiste a tus Apóstoles:
«La paz les dejo, mi paz les doy»,
no tengas en cuenta nuestros pecados,
sino la fe de tu Iglesia,
y conforme a tu palabra,
concédele la paz y la unidad.
Junta las manos.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos..
℟.: Amén.

El sacerdote, extendiendo y juntando las manos, añade:
Pres.: 
 La paz del Señor esté siempre con ustedes.
℟.: Y con tu espíritu. 

SALUDO DE LA PAZ

Luego, si se juzga oportuno, el diácono, o el sacerdote, añade:
℣.: Dense fraternalmente la paz.
Y todos, según la costumbre del lugar, se dan la paz. El sacerdote da la paz al diácono o ministro.
 
FRACCIÓN DEL PAN

 Después toma el pan consagrado, lo parte sobre la patena, y deja caer una parte del mismo en el cáliz, diciendo en secreto.

℟.: Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo,
danos la paz.

 A continuación el sacerdote, con las manos juntas, dice en secreto.
El sacerdote hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre la patena, lo muestra al pueblo, diciendo:
Pres.: Éste es el Cordero de Dios,
que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
℟.: Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.

El sacerdote dice en secreto y comulga reverentemente el Cuerpo de Cristo.
Después toma el cáliz y dice en secreto; Y bebe reverentemente la Sangre de Cristo.

Después toma la patena o la píxide, se acerca a los que quieren comulgar y les presenta el
pan consagrado, que sostiene un poco elevado, diciendo a cada uno de ellos:
℣.:El Cuerpo de Cristo.
℟.: Amén.
Y comulga.

Cuando el sacerdote comulga el Cuerpo de Cristo, comienza el canto de comunión.

ORACIÓN DE COMUNIÓN ESPIRITUAL 

Todos: Señor Jesus,
creo que estás presente en el Santísimo Sacramento.
Te amo sobre todas las cosas
y te deseo con todo mi corazón.
Como ahora no puedo recibirte sacramentalmente,
te pido que vengas espiritualmente a mi corazón.
Te abrazo
como si ya estuvieras en mi corazón
y me uno a ti por completo.
Por favor no me dejes
estar separado de ti. Amén.

COMUNIÓN

ANTÍFONA DE COMUNIÓN
(Lm 3, 25)

Después el sacerdote puede ir a la sede. Si se juzga oportuno, se pueden guardar unos
momentos de silencio o cantar un salmo o cántico de alabanza.
℣.: El Señor es bondadoso con los que esperan en él, con aquellos que lo buscan.


Acabada la comunión, el diácono, el acólito, o el mismo sacerdote, purifica la patena sobre
el cáliz y también el mismo cáliz, a no ser que se prefiera purificarlo en la credencia después de la misa. Si el sacerdote hace la purificación, dice en secreto.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Luego, de pie en la sede o en el altar, el sacerdote dice:
Pres.: 
Oremos.
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración después de la comunión:
Sacraménto Fílii tui recreáti, te, Dómine, deprecámur, ut Ecclésiae tuae operatiónem fecúndes, qua salutáris mystérii plenitúdinem paupéribus contínuo revélas, quos ad tui regni praecípuam vocásti portiónem. Per Christum Dominum nostrum.
℟.: Amen.

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En este momento se hacen, si es necesario y con brevedad, los oportunos anuncios o 
advertencias al pueblo.

RITOS FINALES

El Obispo, para bendecir al pueblo, usa el siguiente formulario, a no ser que prefiera utilizar una de las bendiciones solemnes o una de las oraciones sobre el pueblo.
Obispo: El Señor esté con ustedes.
℟.:
 Y con tu espíritu
Obispo: Bendito se al nombre del Señor.
℟.: Ahora y por todos los siglos.
Obispo:Nuestro auxilio es el nombre del Señor.
℟.: Que hizo el cielo y la tierra.
Obispo:La bendición de Dios todopoderoso,
Padre +, Hijo +, y Espíritu + Santo.
℟.: Amém.

Luego el diácono, o el mismo sacerdote, con las manos juntas, despide al pueblo con una
de las fórmulas siguientes:
℣.: Pueden ir en paz. 
El pueblo responde:
℟.: Demos gracias a Dios.

 Después el sacerdote besa con veneración el altar, como al comienzo, y, hecha la debida
reverencia con los ministros, se retira a la sacristía.
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